Teatro, ópera y libros

siguiendo las huellas del patrimonio cultural ruso

Nuestro país ha hecho una enorme contribución al desarrollo de la cultura mundial. Al viajar por Rusia, tendrá una oportunidad única de familiarizarse con el patrimonio de nuestro espíritu artístico nacional.

Teatro

Si desea conocer el arte teatral ruso, es primordial empezar por San Petersburgo, puesto que es su cuna. Mientras espera el inicio de la obra paseando tranquilamente por la avenida Nevski, aproveche para conocer una breve introducción a la historia de las artes escénicas rusas.

El teatro ruso, que tiene sus orígenes en el año 1644 cuando el zar Miguel I de Rusia planificaba la boda de su hija, en el siglo XX ya había atraído las miradas del Occidente: la compañía de ballet de Diáguilev, que pasó a la historia con el nombre de las "Estaciones del año de Rusia", comenzó su expansión desde París, extendiéndose gradualmente hacia una gran parte de Europa dejando una huella irreparable en la cultura mundial.

Las bailarinas inglesas tomaban seudónimos rusos, la madre de la Reina Isabel II del Reino Unido se casó con un vestido "inspirado en las tradiciones del folklore ruso"... La cultura rusa se hizo más popular que nunca.

Las "Estaciones del año de Rusia" de Diáguilev dejaron una huella irreparable en la cultura mundial. Las bailarinas inglesas tomaban seudónimos rusos, la madre de la Reina Isabel II del Reino Unido se casó con un vestido "inspirado en las tradiciones del folklore ruso"

No obstante, el experimento de Miguel I existió durante solo un mes: los artistas que habían llegado de Estrasburgo fueron expulsados del país. El segundo intento fue hecho treinta años más tarde por Alejo I de Rusia, pero en esta ocasión la iniciativa tampoco tuvo éxito: al cabo de cuatro años, el zar se murió, y el teatro murió con él.

La cosa habría continuado en esta línea si no fuera por la intervención de Isabel I de Rusia. Los decretos reales hacen milagros, y en San Petersburgo el Teatro Alexándrinski (Alexándrinka) lleva existiendo ya 260 años (se le dio este nombre merecido a los 80 años desde su fundación), modestamente escondido detrás del monumento a Catalina II en la avenida Nevski.

Como muchas otras cosas en la cultura rusa, en los primeros años de vida, el "Alexándrinka" tomaba Europa como modelo, pero después de un tiempo ganó fuerza y creó su propia escuela original de teatro dramático ruso. El "Alexándrinka" fue famoso por las representaciones en la época de Gógol, Ostrovski y Chéjov, y fue dirigido por tales maestros como Vsévolod Meyerhold y Georgui Tovstonógov.

Mientras avanzamos por la avenida hacia el río Nevá, cabe mencionar la historia de la música.

La ópera rusa se originó, por muy trivial que pueda parecer, en un grupo de italianos: su compañía ocupaba un pequeño pabellón de madera justo en el lugar del actual "Alexándrinka". El número de espectadores crecía inexorablemente, los asientos no eran suficientes, pero comenzó la guerra contra Napoleón, y los emperadores se despreocuparon de los teatros. Mientras los monarcas se dedicaban a gestionar importantes asuntos del Estado, el veneciano Catrino Cavas (aún no se sabe bien claro cómo había parado en Rusia) encabezó la compañía de ópera rusa editando para nuestro teatro las óperas europeas y creando nuevas, añadiendo cada vez más elementos tradicionales rusos. Sobre la base de su tradición musical, surgió la ópera rusa. Hoy en día, es mejor escucharla en el Teatro "Mijáilvoski" que ya habrá visto paseando cerca de la avenida Nevski en la orilla del Canal Griboyédova.

Hace tan solo unos años, la frase "El ballet es mejor verlo en Vladivostok" sonaba, en el mejor de los casos, como una ironía. De hecho, en Vladivostok se puede ver un buen ballet gracias a la apertura de la filial del Teatro Mariinski el año pasado: El 1 de enero de 2016, al Teatro Primorski de ópera y ballet se convirtió en una filial del Mariinski, uno de los principales teatros musicales del mundo. Tras su inauguración aparecieron solistas, la filial de la Academia del Ballet Ruso, un festival internacional, y, por supuesto, las mejores representaciones clásicas interpretadas al "estilo grandioso", escenificaciones rara vez puestas en escena, así como obras de autor originales.

En Vladivostok se puede ver un buen ballet gracias a la apertura de la filial del Teatro Mariinski

Museos

Los museos son buenos porque todo el mundo entiende los cuadros y las esculturas sin necesidad de traducirlos a otro idioma. Además, Rusia tiene muchas cosas de las que presumir. El Museo del Hermitage de San Petersburgo alberga una enorme colección de pinturas de maestros europeos, incluidas las obras maestras de Leonardo da Vinci, Rembrandt, Rubens y Tiziano. Moscú tampoco se queda atrás después de la capital cultural rusa: El Museo Pushkin es especialmente famoso por su colección de lienzos del siglo XX. Aquí se pueden ver obras de Monet, Renoir, Degas, Cezanne, Picasso y Van Gogh.

Sin embargo, a veces el museo no es solo un edificio, sino toda una ciudad. Si desea conocer la Rusia real y original, vaya a Súzdal. Puede visitar el monasterio del Salvador y San Eutimio del siglo XIV, tocar el molino de viento de techumbre piramidal del siglo XVIII, o simplemente pasear por las calles. Esta antigua ciudad ha conservado el encanto provincial de los siglos pasados.

Aquí, cada casa no es solo un edificio ubicado en una determinada dirección, sino una parte integral de un gran complejo arquitectónico. En esta ciudad, los transeúntes no sienten la conexión de los tiempos a través de artefactos con etiquetas explicativas que se esconden tras el vidrio de los escaparates, sino literalmente con la suela de sus zapatos a medida que pasan al lado de ventanas de madera talladas, matorrales de la hierba de San Juan e interminables iglesias.

Siguiendo el curso histórico, le recomendamos visitar el Museo de arte regional de Samara. En primer lugar, sus interiores se pueden comparar con los del Hermitage, en el que se puede observar un claro estilo palatino. En segundo lugar, además de las obras de Aivazovski y Savrásov — que se deben ver sin falta — el museo de Sámara es conocido por su increíble colección del arte vanguardista y contemporáneo ruso que fue reunida, literalmente de uno en uno, por la directora del museo Anetta Bass. En el museo, podrá ver con sus propios ojos las obras que hoy en día cuestan millones en las subastas internacionales.

En cuanto a la historia reciente, la dirección del museo aún no ha decidido qué clase de obras se van a exponer. Y para aquellos que no son muy fuertes en el arte contemporáneo, también se exhiben piezas más palpables. Por ejemplo, el submarino-museo B-413 en el muelle del Museo del Océano Mundial en Kaliningrado.

Aquí todo está conservado en su forma original; los visitantes pueden tocar y palparlo todo y, además, llevar a cabo un ataque de torpedos o liquidar una avería en el compartimiento. No una real, evidentemente, pero ¡a pocos les importará eso al tener a su disposición todo un submarino!

Después de un programa tan intenso, es el momento de dejar de lado el legado del pasado reciente y sumergirse en la eternidad. Las islas de Valaam, Solovetsky y Kizhi, incluidas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, son conocidas en todo el mundo por su naturaleza virgen y unos monumentos arquitectónicos únicos que se han conservado hasta nuestros días. Se recomienda comenzar por Kizhi — un museo al aire libre, en cuyo territorio se reúnen los monumentos de la arquitectura rusa a partir del siglo XVI. Pero la más impresionante, sin duda, es la Iglesia de la Transfiguración que data del 1714: al tener numerosas cúpulas, recuerda más bien un bordado de encaje que un edificio de 37 metros de altura. A su lado se encuentra otra iglesia de madera más pequeña: el templo de invierno que cuenta con calefacción, la Iglesia de la Intercesión de la Virgen, construida medio siglo más tarde, pero que cuenta con la misma belleza. Entre las iglesias se levanta un campanario que completa este majestuoso conjunto.

Las islas de Valaam, Solovetsky y Kizhi, incluidas en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, son conocidas en todo el mundo por su naturaleza virgen y unos monumentos arquitectónicos únicos que se han conservado hasta nuestros días

Escritores

Con las palabras "literatura rusa", todos piensan en dos nombres: Dostoyevski y Tolstói. Puede empezar la visita de los lugares de gloria del primero de ellos en San Petersburgo (no se olvide de pasar por la casa de Raskólnikov); pero si desea visitar un sitio relacionado con León Tolstói, diríjase a Yásnaya Poliana. Es la hacienda de la provincia de Tula donde nació, vivió y trabajó Tolstói, y creó las obras "Guerra y Paz" y "Anna Karenina". La había construido el abuelo de Tolstói, N.S. Volkonski — el prototipo del viejo príncipe Bolkonski de "Guerra y Paz". En otras palabras, es un lugar muy ligado a la obra literaria del escritor. Yásnaya Poliana puede presumir no solo de un ambiente auténtico cuidadosamente reconstruido de la casa del escritor, su biblioteca y las pertenencias personales, sino también de una rica vida cultural: aquí se llevan a cabo seminarios, talleres de lectura, conferencias, conciertos e incluso un premio literario propio.

Pero si el público extranjero está más familiarizado con Dostoyevski y Tolstói, los rusos consideran que el escritor más famoso de Rusia es el poeta Alejandro Pushkin. Aproveche sus viajes a Rusia para conocerlo mejor. Su finca familiar Mijáilovskoe se encuentra cerca de Pskov y es conocida por prácticamente todos los escolares de Rusia. De hecho, la reserva-museo Mijáilovskoe incluye tres fincas. En la primera de ellas, Trigórskoe, vivían los amigos del poeta Osipov-Wulf (sus hijas mayores eran los prototipos de las protagonistas de la novela "Eugenio Oneguin"). En la segunda — Petróvskoe — uno puede familiarizarse con la vida de señorío del siglo XIX. La tercera, Mijáilvoskoe, es el lugar donde el poeta exiliado pasó dos años de su vida buscando un nuevo estilo, trayendo inesperadamente el realismo a la literatura rusa.

 

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